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lunes, 9 de enero de 2012

Quien decide por qué será recordado el sexenio calderonista

Creo honestamente y sinceramente que el presidente Felipe Calderón no es nadie para decirnos a los ciudadanos por qué motivo será recordaddo sus sexenio. primero pretendió que fuera por al trabajo (empleo) y a ultimas fechas, a raíz de la inauguración del puente en la carretera Mazatlán Durango ha dicho que su gobierno será recordaddo por ser el presidente de la infraestructura. Y la verdad sea dicha, ni por lo uno ni por lo otro, sino más bien por la violencia y la corrupción, Esto puede que esté más cerca de la verdad sino también del sentir popular. Hoy se anuncia por parte de México Unido contra la Delincuencia, que en los últimos 11 meses ha habido poco más de 20 mil muertes violentas, más otrso tantos del año anterior. Así que creo que esos 40 mil muertos tienen un peso específico mucho mayor que sus obras de  infraestructura o sus casí 600 mil empleos, cuando se necesitan más del doble. Si esas cifras respecto a muertes violentas son cercanas a la realidad, estaríamos hablando de más de 100 mil personas muertas de esa manera.
Ciertamente en la presidencia de la República, como ya es común en el quinto y sexto año de gobierno sexenal ya perdieron el suelo y no ven sino el México que se inventan a sí mismos y no el que está más allá de las puertas de la  residencia oficial de Los Pinos. Bien haríamos los mexicanos en cerrar definitivamente Los Pinos y que el presidente viva en una casa comun y corriente y así, en contacto frecuente con la ciudadanía, con el tráfico cotidiano, la contaminación ambiental, no pierda el suelo tan peligrosamente.  Pero volviendo a lo que nos ocupa en este caso, los datos contundentes a los que se suma la manipulación y ocultación de información, le dan por mucho la razón a la corrupción y a la violencia como los temas que acabarán determinando los motivos principales por los que será recordado el sexenio de Felipe Calderón, pero esa es sólo mi opinión, ¿qué opina usted?

jueves, 5 de enero de 2012

El sexenio de Calderón, no es un sexenio para el olvido.

El sexenio de Felipe Calderón no es un sexenio para el olvido, aunque muchos quisieramos olvidarlo. Es un sexenio para tenerlo presente muchos años más, no por los buenos recuerdos que nos ha dejado, sino justamente por lo contrario, por su cauda destructiva de  sufrimiento, dolor. No hay que olvidarlo para evitar que algo así se repita. Calderón se va el primero de diciembre, pero quedarán en México las huellas de una batalla perdida contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, contra el abuso a los inmigrantes y en general, por una regresión en prácticamente todos asuntos de importancia nacional. Las estrategias fueron mal planeadas y peor ejecutadas. No se ponderaron  adecuadamente ni las fuerzas propias ni las del enemigo; no se tomó en cuenta el grado de infiltración de la delincuencia en las instituciones públicas, ni la corrupción en el sistema de seguridad nacional. La guerra se ha perdido, porque no se pensó inteligentemente como afrontar los flagelos del narcotráfico y la delincuencia organizada. La lucha frontal fracasó porque sencillamente no era el camino idóneo para dar la batalla. Ciertamente no estaba mal luchar contra el tráfico y consumo de drogas, pero sí la manera tan equivocada en como se planteó la lucha. Y los resultados están a la vista, más de 60 mil muertos, a los que hay que sumar heridos, torturados, desaparecidos, desplazados, así como a las miles de familias que se vieron destrozadas. por tales hechos. La medicina resultó peor que la enfermedad y aun habiendo tomado la receta del medio yankee, hoy la salud de la nación es de pronóstico muy reservado. Y mientras los norteamericanos siguen felizmente consumiendo drogas, aquí, como en Colombia, hemos puesto a miles de muertos cuyos fallecimientos carecen del más mínimo sentido. Muertes inútiles que jamás debieron haber sucedido, sangre que jamás debió ser derramada y que desde fosas clandestinas aquí y allá clama justicia. Esas muertes, ninguna de ellas debe ser olvidada, pues fueron vidas truncadas por una actitud irreflexiva, impaciente y apresurada, nada serena, de quién por encabezar el gobierno federal y ser jefe del Estado, debía haber meditado y reflexionado seriamente sus decisiones, para haber tomado aquellas que hicieran el menor daño posible a la patria.
Al presidente que le siga en turno le toca la dura tarea de iniciar la reconstrucción del país, del tejido social, de sus estructuras. Le tocará atemperar los ánimos, reconciliar a los mexicanos; cerrar las heridas, pacificar a la nación, reestablecer la esperanza y moralizar la sociedad. Tareas nada fáciles, pero urgentes, en las que todos los mexicanos deberemos estar convocados a participar, pues no es tarea de un sólo hombre, ni de su equipo de gobierno solamente, sino de la sociedad en su conjunto. Ya no debe haber lugar para más violencia física o psíquica o simbólica, pues a la violencia no se le combate con más violencia 8por legítima que sea), pues eso nos hace complices del mal.