Sin duda un problema fundamental del México contemporáneo es su educación. La educación mexicana es de mala calidad y por añadidura s encuentra desconectada del mundo económico y de otros ámbitos de la realidad mexicana. No hay en México un proyecto educativo integral que vea de manera conjunta la educación, desde sus niveles básicos hasta el posgrado. Y también que considere las diferencias regionales que existen en el país, entre lo urbano y lo rural, entre lo industrial, lo agricola y los servicios. Sólo así es posible elevar los niveles educativos y vincular la educación con los demás ámbitos de la vida social, política y económica. Por otra parte, la educación no puede dejar de lado la cuestión ética. Ese ha sido un gran error cuyas consecuencias hoy vivimos drámaticamente, por ejemplo, con la violencia que se vive en la sociedad. La pérdida de valores, la confusón entre lo bueno y lo malo, es tan importante como salir de la universidad y no encontrar un trabajo digno y bien remunerado. En este sentido hay que recuperar el valor del patriotismo. No se puede construir un país, una comunidad, sin lealtad y un sentido de pertenencia. No se trata de fomentar el odio a lo extraño y diferente, tampoco de encerrarse y aislarse del mundo, pero si de participar en la comunidad de naciones, con un sentido de identidad propio, que permita sacar ventaja de las relaciones políticas, económicas y culturales con las demás naciones.
Para ello hay que hacer equipo entre autoridades ejecutivas, legisladores, maestros y profesores, las instituciones educativas y la sociedad, para diseñar y ejecutar políticas educativas acordes a las necesidades de la nación y las del ciudadano en lo particular. México no se puede dar el lujo de producir doctores, maestros, licenciados, técnicos profesionales, que se acaben dedicando a la economía informal o emigren a otros países por la falta de oportunidades. Al parejo con los grandes cambios necesarios al sistema educativo, también hay que crear en el sector económico y laboral, las oportunidades reales de crear empresas, cooperativas, asociaciones y sociedaes civiles y demás formas de organización, que den empleos adecuados para los profesionales que egresan de las universidades y escuelas técnicas y artísticas. Hay que activar no sólo el crecimiento económico sino promover el desarrollo de la sociedad.
El problema educativo es muy complejo, pero es urgente atenderlo para bien del país, para lograr mayor competitividad internacional, pero sobre todo para satisfacer las necesidaes y aspiraciones del pueblo mexicano.
Mostrando entradas con la etiqueta problema. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta problema. Mostrar todas las entradas
domingo, 8 de abril de 2012
lunes, 12 de diciembre de 2011
Educación superior mexicana
Si duda uno de los principales problemas que afronta México es la educación en todos sus niveles y variantes. Si bien es una obligación del Estado dar al pueblo una educación laica de calidad, fundamentada en la ciencia, la tecnología, la razón y el humanismo que porduzca buenos ciudanos y profesionistas. Esto está muy lejos de suceder en la realidad. Desafortunadamente, por muchos motivos que sería largo enumerar aquí, esto no ha sucedido y hoy vemos de manera muy dramática los reultados de esa insufciencia. Dado que es imposible profundizar en lo que sucede en cada nivel educativo del sistema educativo, centraremos nuestra atención en el la educación superior univeritaria, que es nuestra preocupación particular. Y podemos decir que pese al gran esfuerzo de las universidades públicas por brindar educación superior de calidad a todos los sectores sociales, no se ha llegado a alcanzar la cobertura necesaria para satisfacer esta necesidad por los estudios profesionales de una importante proporción de la población. Tal meta no se ha logrado ni con el apoyo y colaboración de instituciones privadas laicas y religiosas cuyo alcance es muy limitado y se enfoca a los sectores privilegiados de la sociedad, las clases medias y altas de la misma.
A esta insuficiencia de la cobertura se suman la falta de calidad en muchas institiciones y programas y la falta de una educación moral como la llamaba Emile Durkheim uno de los padres de la sociología y un intelectual francés preocupado por la educación y la moral en la sociedad.
Faltan instituciones educativas de nivel superior que atiendan a los sectores más bajos de la sociedad. Es una deuda pendiente del Estado que sólo se puede subsanar con más escuelas, pero también con una mejora sustancial en las áreas de acción universitaria: la docencia, la investigación, la creación y reproducción de conocimientos, la difusión y el servicio a la comunidad. Y esas instituciones pueden ser tanto públicas, privadas, comunitarias, como mixtas. En una sociedad democrática, liberal y abierta, los distintos sectores de la sociedad interesados en la educación superior, pueden y deben participar de la misma. El Estado y la propia sociedad civil deben cuidar del desempeño de las universidades e institutitutos tecnológicos para que presenten los servicios que la sociedad espera de ellas, con la calidad debida, pues, sin duda, gran parte del peso de la economía, la política, el desarrollo cultural, recae en las espaldas de los universitarios, que deben estar lo mejor preparados y actualizados.
Tradicionalmente la educación superior mexicana ha estado en manos del Estado y la Iglesia católica, aunque ya también los empresarios participan con instituciones creadas por ellos mismos, aun así es a todas luces las universidades son insuficientes en cantidad y calidad, por ello hay que redoblar esfuerzos. No es cuestión únicamente de más dinero y de edificios bien equipados, sino de compromiso y corresponsabilidad social; de investigadores, profesores, alumnos, directivos, personal de apoyo al interior de las universidades, y de las autoridades, empresas, empleadores públicos y privados y la sociedad en general desde fuera de las instituciones de educación superior.
Si en verdad queremos levantar al país y hacerlo más justo y equitativo, con mejores niveles y calidad de vida, hay que trsladar a la educación superior de ser un problema, a ser parte de la solución de la problemática nacional.
A esta insuficiencia de la cobertura se suman la falta de calidad en muchas institiciones y programas y la falta de una educación moral como la llamaba Emile Durkheim uno de los padres de la sociología y un intelectual francés preocupado por la educación y la moral en la sociedad.
Faltan instituciones educativas de nivel superior que atiendan a los sectores más bajos de la sociedad. Es una deuda pendiente del Estado que sólo se puede subsanar con más escuelas, pero también con una mejora sustancial en las áreas de acción universitaria: la docencia, la investigación, la creación y reproducción de conocimientos, la difusión y el servicio a la comunidad. Y esas instituciones pueden ser tanto públicas, privadas, comunitarias, como mixtas. En una sociedad democrática, liberal y abierta, los distintos sectores de la sociedad interesados en la educación superior, pueden y deben participar de la misma. El Estado y la propia sociedad civil deben cuidar del desempeño de las universidades e institutitutos tecnológicos para que presenten los servicios que la sociedad espera de ellas, con la calidad debida, pues, sin duda, gran parte del peso de la economía, la política, el desarrollo cultural, recae en las espaldas de los universitarios, que deben estar lo mejor preparados y actualizados.
Tradicionalmente la educación superior mexicana ha estado en manos del Estado y la Iglesia católica, aunque ya también los empresarios participan con instituciones creadas por ellos mismos, aun así es a todas luces las universidades son insuficientes en cantidad y calidad, por ello hay que redoblar esfuerzos. No es cuestión únicamente de más dinero y de edificios bien equipados, sino de compromiso y corresponsabilidad social; de investigadores, profesores, alumnos, directivos, personal de apoyo al interior de las universidades, y de las autoridades, empresas, empleadores públicos y privados y la sociedad en general desde fuera de las instituciones de educación superior.
Si en verdad queremos levantar al país y hacerlo más justo y equitativo, con mejores niveles y calidad de vida, hay que trsladar a la educación superior de ser un problema, a ser parte de la solución de la problemática nacional.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)