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lunes, 16 de abril de 2012
Obama, la gran decepción
En la sexta reunión mal llamada de las américas, puesto que sólo existe un continente americano, el presidente Obama asistió con una actitud claramente conservadora, negándose a la legalización de las drogas en Estados Unidos -pese a que algunos estados de ese país ya legalizaron la marihuana-, y a la participación de Cuba en la propia reunión, a pesar que las 32 naciones latinoamericanas si estaban a favor de la asistencia del presidente Raúl Castro. Obama también se ha venido negando a levantar el embargo contra la nación caribeña, con el pretexto de ser una nación donde existe una dictadura y no hay las libertades democráticas, como los gringos las entienden. Todos estos hechos dejan en claro que ya hay una enorme distancia entre aquel Obama candidato demócrata y el Obama de hoy, presidente del imperio yankee. . Obama ha sido tal vez una de las mayores decepciones que el mundo pueda haber sufrido. Toda esperanza de cambios en favor de mayor democracia, justicia para los marginados, mejor distribución de la riqueza, equidad en las relaciones internacionales, respeto a los inmigrantes y a los derechos humanos en general, se han venido abajo. Obama dejó de ser el presidente demócrata para convertirse en el presidente conservador del imperio, y con ello, dejó de gobernar para el pueblo para hacerlo en favor del gran capital y la muy alta burguesía. Su ´posición en favor de Israel a ojos cerrados confirma lo dicho. El Imperio no sólo sigue bien dispuesto a explotar las riquezas del resto del planeta, sino a pasar la factura del costo de esa explotación a las propias naciones saqueadas por la nación yankee. Tal como culpabiliza a otras naciones de crear desestabilización y violencia que generan no ellos sino los propios Estados Unidos. El caso cubano es muy educativo al respecto. En realidad el bloqueo no ha sido al gobierno de Fidel y ahora de Raúl Castro, sino cotra el pueblo cubano. Se le ha castigado por defender su patria y querer un régimen de vida diferente al que existía anetes de la Revolución, en que Cuba era el prostíbulo y la cantina de los norteamericanos. Los sucesivas administraciones y gobiernos norteamericanos, incluído el de Obama no han podido ver, no han querido ver, que fuera de sus fronteras y las de sus pocos países amigos, existe un mundo muy diferente al cual, sin duda temen, pues les enseña que se puede vivir de maneras muy distintas al estilo depredador, consumista, competitivo, dispendioso, que ellos han elegido, y que, por cierto, cada día es más inviable. La soberbia e intolerancia, la rigidez de Obama demuestran la poca estatura ética y política de quien se había esperado altura de miras y sensibilidad ante un mundo muy diferente y variado al que ellos se imaginan desde su mentalidad pueblerina y miope. Obama es, sin duda, la gran decepción. Y así como la actitud de Obama es reprobable, los presidentes latinoamericanos merecen un aplauso y un reconocimiento por defender el derecho de Cuba de estar presente en la reunión. Porque lo más importante no es si cuba es o no comunista, sino que es un país hermano latinoamericano que merece el mismo respeto que cualquier otra nación del continente y del planeta. Siguiendo el principio de Don Benito Juárez, debemos reconocer el derecho de autodeterminación de los pueblos y no inmiscuirnos en sus asuntos internos. Este es un camino más viable para lograr una transición pacífica en Cuba y el establecimiento y normalización de relaciones políticas, económicas y culturales con la nación caribeña. Mucho más viable que ese absurdo, inhumano y demostradamente inútil bloqueo norteamericano.
martes, 28 de febrero de 2012
Ausencia de partidos liberlaes y socialistas, anarquistas y comunistas.
De cara al proceso electoral de este año, en que se elegirá presidente de la República, jefe del gobierno de la capital del país y se renovarán senadores y diputados, se hace notoria la ausencia de partidos políticos liberales y socialistas. La construcción de una democracia sólida necesita de que todos los sectores sociopolíticos de la nación estén representados, y hasta el momento esto no sucede. Si bien la sociedad mexicana se ha significado por su conservadurismo y por el predominio de partidos de tendencia más bien conservadora y antidemocrática, ellos no representan a la totalidad del electorado nacional. Por tale motivo, hacen falta partidos que repersenten a sectores minoritarios de la sociedad, los cuales, pese a su pequeñez bien pueden aportar en favor de una sociedad más equitativa, más justa y democrática. Tanto el liberalismo, el anarquismo, como el socialismo y las ideas comunistas son parte de la tradición cultural occidental en general, y de la cultura política local. por ello hay que buscar que el sistema político mexicano las incluya como parte del abanico ideológico realmente existente en la patria. Todas las posturas deben de tener voz y voto en las decisiones que habrán de afectar para bien o para mal a millones de mexicanos y mexicanas. Así que bien haríamos en incluir a todas las voces posibles sin excluir a ninguna. La pluralidad de la composición social del país así lo exige. No se pueden dar pasos adelante, en favor de una sociedad más justa y equitativa, si se excluyen por prejuicios irracionales, por miedo o cobardía a determinadas posturas ideológicas porque no nos gustan o se acomodan a nuestras preferencias. Tolerancia, diálogo, democracia son requisitos indispensables para crear los contrapesos necesarios para que nadie se imponga a la mala. Y como hemos insistido, dado que nadie tiene el monopolio de la verdad, es preferible que todos los grupos y partidos puedan expresar sus puntos de vista, pues, en congruencia a lo dicho arriba, tampoco nadie tiene el monopolio del error, así que todo pueden aportar, desde su perspectiva, elementos para mejorar a México en todo sentidos. Ante la dictadura del capitalismo salvaje y sus órganos representativos y controladores, no queda sino reivindicar la soberanía y la autonomía nacionales, así como la democracia para contrarrestar la brutal hegemonía del capital internacional. La democracia incluyente y participativa puede ser la única opción para evitar caer en una nueva época oscurantista medieval, gobernada dictatorialmente por el capital.Por eso la participación plural política es vital. Por eso tanto liberales como socialistas, comunistas y anarquistas también tienen que tener voz en los organismos legislativos y representativos del Estado en sus tres niveles.
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